Cumdump Hotel y nueva megaorgía en Hard On

Hay un hotel en Londres, al lado de Tottenham Court Road, que se conoce como el Cumdump Hotel. Obviamente ese no es su nombre real, pero el apodo se lo ha ganado a pulso. Se trata de un hotel enorme, al lado del barrio gay, en el que los ascensores no requieren tarjeta y los recepcionistas no controlan quién entra o sale. Por lo visto, en un día normal, siempre hay tres o cuatro cumdumps recibiendo preñadas en ese hotel. Solo tienes que llegar, poner algo en la puerta para evitar que cierre del todo, encender tus apps de ligoteo del móvil y ponerte a cuatro patas sobre la cama esperando que te rellenen sin parar.

Por supuesto tenía que probarlo. Así que me alojé un par de días, aunque intentando ir sin muchas expectativas, que con estas cosas soy un poco escéptico. El primer día, viernes, hago el check in a mediodía y me preparo el culo. Me acerco primero a un sexshop cercano y compro lubricante, popper y unos calcetines blancos con letras negras que ponen "CUMDUMP". Apenas tengo dos horas libres, porque luego tengo planes a la tarde, pero conecto el móvil a ver si hay suerte. Me coloco a cuatro patas, con mi culazo preparado y mis calcetines de cumdump. En la primera hora se pasan a preñarme cuatro tíos, a preñada cada cuarto de hora. En todo el rato, un total de cinco. Salvo uno de ellos (un chico asiático bastante mono que me preña en posición de misionero mientras yo juego con sus pezones) el resto usan mi agujero anónimamente, mientras yo a cuatro patas miro las apps del móvil para encontrar más activos lecheros.

El segundo día, sábado, me pongo más o menos a la misma hora, las 15:00 o así, pero la cosa empieza mucho más floja. Apenas nadie escribe y ya me temo que lo del viernes fue solo un espejismo. Pero luego la cosa remonta. Llega un español, fibrado y polllón, que podría ganarse la vida como semental. Me preña cinco veces a lo largo de la tarde (viene, se va y regresa después). Aparte de él, me preñan tres asiáticos (uno de ellos el chico del día anterior, otro un treinteañero de San Francisco y el último también americano pero maduro y de cuerpo grande), dos negros (uno de ellos espectacular y encantador, que le da un aire a Mahershala Ali) y finalmente un tipo blanco seguramente inglés. En total, 11 preñadas. 

Hay un momento en el que se juntan hasta tres activos a la vez, con el negro atractivo follándome a cuatro patas mientras un tipo está bajo nosotros como espectador. El rabo negro entrando y saliendo de mi ojal abierto justo encima de su cara, untado de lefa de las siete preñadas anteriores, blanca y brillante, salpicándola mientras el tipo de abajo trata de recoger algunas gotas con la lengua y los huevos del negro bailan sobre su nariz. El tipo agarra el culo del negro para sobarlo y empujarlo contra mi culazo blanco, mientras al lado el español pollón se pajea mirándonos y espera su turno para volver a descargar dentro de mí. En esa situación el negro no tarda en anunciar que se corre, jadeando, contrae los músculos y se agarra con fuerza a mis caderas mientras bombea lefa con su rabaco pulsátil. Siento el calor de la octava preñada del día entrando a ráfagas dentro de mí, mezclándose con las siete anteriores, desbordándome y chorreando desde el ojal mojando a nuestro espectador.

Cae la noche. Me he pasado poniendo culo unas 6 o 7 horas, y estoy cansado y con el depósito lleno, pero unos días atrás compré entrada para la fiesta de Hard On y pienso que si no voy, si me quedo descansando en el hotel, luego me arrepentiré. 

Así que me limpio el depósito de lefa, agarro unos jockstraps para marcar culo y cojo el metro hasta allá. Ya he hablado en otras ocasiones de esa fiesta, una macroorgía con cientos de tíos en un local enorme y varios ambientes. Cuando llego esa noche, el sitio ya está a tope. En la parte de la barra y la pista de baile hay un escenario con varios actores porno que no conozco follando entre ellos. El público se acerca a la plataforma y los actores les dan rabo por la boca. Algún afortunado incluso sube a follar al escenario. 

Más allá, hay una zona de paso con sillones y asientos acolchados en el lateral. Ahí veo luego cómo se follan a uno de los actores porno que tenía el cuerpo lleno de tatuajes. En esa zona me siento un momento y un chico moreno, bajito y fibrado, que está sentado al lado, me hace señas para que me encargue de su rabo tieso. Se lo sobo un poco con la mano y luego me arrodillo a mamarlo. Apenas dura nada y se agarra a mi nuca para descargar dentro de mi boca.

Encima de esa zona de asientos hay una sala algo oscura abarrotada de gente con unos slings en fila. Me pongo en el que está más cerca de la puerta, el que tiene más luz y es más fácil que te vean. Allí me abro de piernas y van pasando un montón de tíos a usarme, pierdo la cuenta. El primero es un chico joven atlético con gafitas, bastante mono y con mucha potencia, que me deja el culo echando humo. Luego recuerdo a un par de amigos bastante bruscos (probablemente colocados) que se turnan para comerme el culo y encularme, un señor mayor delgadito con bigote teñido, o un oso con gorra que me preña sin pedir permiso y sin previo aviso. Cuando se va empujo su leche para que chorree desde mi ojal y lo haga más apetecible para los siguientes.

Siguiendo hasta el fondo están lo que otras veces he llamado en el blog la zona blanca y la zona roja. La zona roja está subiendo unas escaleras escurridizas (desde donde te puedes asomar y ver a toda la gente de la zona blanca follando). En el centro de la zona roja hay unas plataformas acolchadas llenas de pasivos a cuatro patas ofreciendo culo. Ahí me coloco y me dejo encular, pero hay tantos pasivos que nos chocamos, y estás continuamente golpeándote la cabeza con codos, rodillas u las cabezas de otros pasivos. 

Incómodo, me voy de allí y me siento en uno de los laterales al lado de un daddy negro. El daddy me coge la mano y la lleva a su rabo dormido. Me dedico a masturbarlo mientras contemplamos a nuestro lado a un chico negro cachas con rastas que brinca sobre un culo blanco de pasivo al que está destrozando. El daddy se pone duro y me hace comerle el rabo y luego me coloca a cuatro patas para penetrarme.

Abajo, la zona blanca es mi favorita. Allí hay slings en fila donde en otras ocasiones me han follado múltiples activos, pero esta vez los slings están cubiertos por una tela negra que hace que sea imposible ver quién hay puesto ofreciéndose, así que los activos pasar por delante sin hacer caso.

Bajo las pantallas, han puesto esta vez otra plataforma negra acolchada como la de la zona roja. Allí sí hay luz y hay pasivos con el culo en pompa recibiendo lo suyo. Veo a un activo negro disfrazado de conejo merodeándolos. El disfraz es bastante ridículo (máscara de conejo y un rabo con forma de pompón), pero cuando monta los culos de los pasivos blancos lo hace como un animal apareándose. Se mete hasta el fondo, usa los agujeros sin ningún miramiento, pisando a los pasivos si hace falta. Me pone cachondísimo el conejo negro y me prometo a mí mismo que antes de que acabe la noche ese conejo va a usar mi culo.

Así que ya hacia el final de la velada, cuando empieza a irse gente y el local está más transitable (y puedes ver mejor a la gente sin tanto agobio), encuentro un hueco en esa plataforma y me pongo en pompa. El conejo negro está enfrente de mí enculando a un pelirrojo con coleta, pero cuando me ve la saca y viene directo a probar mi culo. Me la clava de una estocada y comienza a taladrarme como un salvaje. Me pone a mil y estoy dispuesto a recibir su corrida y ser la orgullosa madre de sus conejitos, pero al rato la saca y se va a follar otros culos. 

Otro pasivo llega y, con toda su jeta, se coloca justo a mi lado donde no había suficiente espacio para dos y eso hace que sea imposible permanecer ahí, a riesgo de caerme por el lateral, por lo que decido irme a poner culo a otra parte. Al lado, veo libre una especie de potro acolchado con una zona más ancha donde apoyar el torso y dos más estrechas a los lados para poner las piernas. El resultado es que te ofreces culo en pompa a cualquier activo que pase detrás de ti. Me sirve.

El primero en venir es el conejo negro, que continúa por dónde nos quedamos la otra vez. Sigue usando mi agujero como un auténtico animal y yo le ayudo dándole culetazos bruscos echándome hacia atrás. Eso le excita mucho y en un momento veo que para y me sujeta porque está a punto de correrse, pero la saca a tiempo y se va a seguir follando culos por ahí.

Cuando se va el conejo, llega un veinteañero rubio y fibrado, bajito pero muy guapo, que ocupa su lugar y me folla el culo a conciencia durante un buen rato. Mientras está usándome se acerca hasta dos veces otro chico muy joven y muy mono de pelo moreno rizado, que le pide permiso para usar mi culo pero el rubio es egoísta y no quiere compartirme, y ya la segunda vez le dice que se largue con malos modos.

El rubito sigue dale que te pego taladrándome. La música está muy alta y no lo oigo gemir, pero en un momento dado creo que me preña, porque a continuación se dedica a sacar leche de mi ojal usando su polla a modo de cucharita. Mete la polla y luego la saca lentamente hacia afuera arrastrando la lefa, y al llegar al ojal, con un movimiento brusco la lanza fuera, salpicando al suelo. 

En eso que vienen a buscarlo sus amigos, que quieren irse ya, y están charlando un rato mientras él sigue a lo suyo, jugando con mi ojal y su lefa. Finalmente me da unas palmaditas en el culo, se despide dándome las gracias y se va. Su follada ha durado un montón y me incorporo entre cansado y aturdido, pero cuando me pongo de pie y me doy la vuelta, mi mirada se cruza con la de un chico moreno muy guapo que está de pie pajeándose para mantener la polla dura mientras mira aquí y allá a ver si encuentra un buen culo donde meterla. Nos quedamos mirando y ya sé lo que debo hacer a continuación. Me doy la vuelta y regreso a mi posición de culo en pompa en el potro. El chico acepta encantado el ofrecimiento y entra dentro de mi ojal usado hasta la cocina. Ahí me tiene un rato, enculándome sin piedad, pero creo que no llega a correrse.

Como es ya tarde, me incorporo y me voy a recoger mi ropa. Mientras me visto, veo al veinteañero rubio que me ha preñado y ha jugado luego con su lefa en mi ojal que está terminando de vestirse y me sonríe y me guiña un ojo. Hoy creo que he cumplido bien con mis funciones de culo de uso público.

Comentarios

Entradas populares