Perra culona se deja usar por cualquiera

Estoy de paso en una capital de provincias. Conecto Grindr y me escribe un chico negro de veintipocos años con cuerpo escultural y mirada de borde. Ya nos conocemos y en el fondo es un chico agradable y que parece bastante sencillo, pero tiene esa mirada de domtop que me pone a mil. Una vez quedamos y me folló con condón, un polvo intenso que acabó dentro de mi culo pero con goma. Creo que ya lo conté por aquí. Esta vez quiere repetir pero me advierte "Yo siempre preño". Ningún problema.

Le espero como una buena perra, a cuatro patas y con el culo bien alto, ofreciéndome. Llega pero primero quiere que se la mame y en esa posición, yo de rodillas, él de pie delante de mí, puedo ver su cara y su mirada de borde a través de dos pectorales duros como rocas, de piel oscura y sedosa. Me arrodillo adorando su rabo grueso y enorme y me lo meto en la boca hasta la garganta, hasta atragantarme. 

Tras ahogarme con su rabo estoy dispuesto a dejarme usar como él quiera y acabar recibiendo su preñada. Me folla como un bestia en varias posiciones, dominándome, brutal, sin ningún cuidado. Y finalmente me pone a cuatro patas y se monta sobre mí en la postura del perrito. Imagino sus piernas abiertas y su culazo negro redondo, mientras esa animalada que tiene por rabo se hunde una y otra vez en mi agujero, dándome de sí por dentro, hasta que su respiración se entrecorta y sus jadeos se hacen más evidentes y empieza a preñarme, y cuando se va a la ducha me deja ahí, agotado, usado y chorreando su lefa por el ojal.

Al día siguiente. Es una tarde lluviosa de domingo y estoy recaliente, pero no hay manera de encontrar buen plan en Grindr. Hay una sauna en la ciudad, ya estuve una vez y no es gran cosa, pero me pajeo fantaseando con la idea de ir allá y ofrecerme a cuatro patas anónimamente, a cualquiera. En un momento me decido y me pongo en camino. 

A la entrada me dan una toalla, unas chanclas y la llave de la taquilla. Me desnudo, guardo mis pertenencias, me ato la toalla a la cintura y voy a dar una vuelta a ver qué tal pinta la cosa. La verdad es que hay poca gente y casi todos por encima de 50. Hay un tipo más joven y atractivo, morenazo y velludo, con pinta como de Oriente Medio, pero es el camarero. La clientela es mayor, y salvo unos pocos, están en grupos de charla cerca de la barra. Doy una vuelta por el laberinto y apenas me cruzo a nadie. Hay alguna sala común con pantallas proyectando vídeos porno y pequeñas habitaciones a ambos lados del pasillo, con camas acolchadas en cuero negro, todas vacías.

Entro en una de esas salas, esnifo un poco de popper para ponerme cachondo y me coloco en plan "ass up, face down", doblado hecho un triángulo, con mi culazo en el vértice de arriba y la toalla arremangada para ofrecerlo en todo su esplendor. Me encanta estar en esa postura y, mientras me sube el popper y noto mi cabeza ligera y mi corazón acelerado, me excita la idea de ser usado sin voluntad, como un muñeco hinchable de carne y hueso, por el primer tío que me encuentre, sea quien sea.

Estoy así como un minuto, cuando siento una presencia a mis espaldas y acto seguido noto unas manos ásperas acariciándome las nalgas. No opongo resistencia, soy un juguete al servicio de quien le apetezca usarme. Sus dedos se dirigen a mi agujero y luego es una lengua húmeda y una barba la que lo ocupa. Gimo. Ahora siento que el desconocido se incorpora y se acerca a mí. Noto algo duro, mojado y caliente presionando contra mi ojal y al poco el rabo del desconocido se hunde en mi interior. Noto el calor y la dureza.

El desconocido me desata la toalla para dejarme totalmente desnudo a su merced, y me la pasa por debajo de la cintura agarrándola con sus manos por ambos extremos, para poder moverme como quiera solo con manejar la toalla. El desconocido no está cómodo en esa postura, así que me hace girarme 90 grados, con mi cara enfrentando la pared. En el giro miro un poco de reojo para espiar quién me está follando y creo ver un tío en sus 60s, más bien calvo, con barba, barriga y cuerpo velludo mojado. 

Siento la presencia de al menos otra apersona en el cubículo (o quizá en la puerta) viendo cómo el oso maduro anónimo me encula sin ningún cuidado, y yo me dejo hacer. Soy solo un pedazo de carne con un buen agujero, justo lo que un macho como él necesita para sacarse la leche. 

El desconocido acelera la enculada. Placa placa placa mi culazo blanco completamente desnudo choca contra su pelvis y su barriga peluda. El desconocido gruñe de gusto y, de repente, murmura algo ininteligible entre jadeos, resoplando con fuerza conforme apoya su calva sudorosa contra mi espalda y su barriga peluda contra la parte alta de mi culo. El desconocido se está corriendo dentro de mí, gruñendo como un animal, leche de oso maduro llenándome hasta el último rincón del culo. Se queda así agarrado a mí, recuperando el aliento, y cuando acaba la saca y ni se molesta en despedirse. Para él solo era un agujero anónimo en el que soltar la leche del día. Así que me quedo ahí con el culo en pompa y su lefa cayendo en un hilo que recorre el saco de mis huevos y finalmente cae a la toalla. 

Me incorporo y me anudo de nuevo la toalla a la cintura. La leche del oso maduro continúa escapándose del culo y me cae muslos abajo. Voy a dar una vuelta por los pasillos del laberinto, todo mojado por dentro y por fuera, y veo que hay un tío que me sigue y me sonríe. Es el camarero morenazo con pinta de Oriente Medio. 

Entramos en una sala común y ahí me saluda y me saca algún tema banal de conversación. Al poco estoy de rodillas frente a sus piernas, dos columnas musculosas, morenas y velludas, con su rabo empinado que apunta hacia mi cara. Le como ese rabo oscuro con devoción mientras él sonríe y gime. No podemos hacer mucho más porque lo reclaman desde la barra y tiene que volver a sus obligaciones.

Otras experiencias morbosas de estos últimos meses: 

Es domingo noche y me pongo en casa a poner culo. Hay días que no viene nadie y otros en los que el goteo de tíos con ganas de descargar no cesa. Primero viene un chico con rasgos asiáticos de Singapur, a quien termino cabalgando con mi culazo hasta dejarlo seco. Después llega un latino veinteañero que me usa asiduamente. Cuando tengo dos corridas dentro, viene a usarme un italiano bastante guapo de pelo rubio corto que ha salido con sus amigos y se escapa unos minutos para una enculada rápida a cuatro patas. Con tres preñadas en el culo, me conecto a Grindr y me escribe un chaval de veintipocos, mitad marroquí mitad francés, que por foto me parece bastante guapo pero su look es andrógino, afeminado, y no parece que vaya a ser un dom top precisamente. 

Error.

Cuando llega, el chico es guapísimo. Parece escapado de un remake de esos en acción real de Aladín. El pelo en media melena cuidadísima, piel canela, cutis perfecto, ojazos increíbles probablemente acentuados por algo de rimmel, labios carnosos, un poquito de vello facial en el bigote y el mentón y unos rasgos entre finos y exóticos que me tienen hipnotizado. Me ha pedido que le espere de rodillas y eso hago, y nada más llegar deja sus cosas y se saca el rabo, que me lo enchufa por la boca hasta casi ahogarme. 

Me usa con brusquedad y después me da la vuelta y me coloca a cuatro patas en el suelo, con el culo en pompa. Se inclina apuntando su rabaco marroquí hacia mi ojal y me la mete del tirón en doggy style. Sus manos se apoyan en mis hombros. Su media melena se agita sobre mi cabeza, él se abre de piernas con su culazo moreno y sedoso sobre el mío y su gran rabo perdiéndose rítmicamente dentro de mi agujero hasta que gruñe algo en francés y noto la crema espesa y caliente llenándome a trallazos. Cuando termina se vuelve a poner los pantalones y me pide que le pida por favor un taxi porque no sabe llegar a su hotel.

Otra noche, me escriben a la vez dos tipos. Uno es un habitual, un chaval de veintipocos de Europa del Este, rubito y delgado, con cara de no haber roto un plato en su vida, pero que en realidad es tremendamente morboso y le encanta pasarse por mi casa a descargar, a veces a horas intempestivas. El otro es un tipo treinteañero moreno, con buen cuerpo, que probablemente está de visita. Quiere el azar que los dos lleguen justo a la vez y se encuentren en la puerta de mi edificio. Suben juntos en el ascensor y yo los espero a cuatro patas sobre el colchón.

Al chico rubito le encanta comerme el culo. Lo hace siempre con delicadeza, dándome suaves y húmedos lametones en el ojal. Entre los dos se reparten mis dos agujeros para jugar y es el moreno el que primero se tumba sobre mi espalda, penetrándome el culo. Estoy tumbado bajo su peso y no puedo ver lo que está pasando, pero tras unos momentos en los que he perdido de vista al rubito, oigo gemir al moreno y me imagino lo que está sucediendo. La polla del rubito ha entrado por su puerta trasera, como un joven boy scoutt explorando el terreno, mientras el moreno sigue metido dentro de mí utilizando mi culazo de uso público. Estando en mitad del sandwich, el tipo no dura mucho, y en un momento lo oigo gemir y vaciarse dentro de mí.

Cuando termina de descargar sus huevos, se incorpora y comienza a vestirse. El rubito toma su lugar y se tumba sobre mí, entrando hasta el fondo por mi ojal lubricado por la preñada del moreno, y comienza a batir. Oímos como el moreno se despide y cierra la puerta, pero el rubito está concentrado en batir lefa, nuestras manos se entrelazan y gime en mi oído con su carita de niño bueno mientras sigue moviéndose rítmicamente sobre mi espalda con el rabo tieso despesperado por descargar. Finalmente me da una última estocada con un "Huuuuuuummppppffff" y su corrida mi inunda y se mezcla con la del moreno anónimo.

Otra noche, estoy en una ciudad no muy grande, volviendo al apartamento. Es domingo a medianoche y las calles están desiertas. Conecto Grindr con pocas esperanzas porque no parece haber literalmente nadie despierto en esa ciudad. La sorpresa es mayúscula. Empiezan a llegarme mensajes de un montón de activos. Hay ciudades en las que conectas el Grindr y parece que solo hay pasivos en 10 Km a la redonda, pero aquí sorprendentemente todo son activos. E incluso grupos de activos. Me escriben cuatro activos que están de chill y quieren que vaya a poner culo como un buen cumdump. No voy porque no me gustan la gente colocada. Me escriben por otro lado para hacer al menos dos tríos, pero finalmente me decido por una pareja de amigos (el novio de uno de ellos me escribe luego también) que están cerca y uno de ellos me resulta atractivo. Este chico debe tener treinta y pocos, actitud chulesca como si supiera que tiene la polla más grande de la habitación (spoiler: la tiene), cuerpo atlético, tez blanca y pelo rubio color paja recogido en una coleta. Es francés o belga o de por ahí. El otro es moreno y debe rondar los 50, y se le nota más tímido e inseguro con la situación. Es el francés el que lleva la batuta todo el rato.

"Vamos a hacerte una doble" me informa el francés. Yo asiento con la cabeza y me coloco en posición. Me subo encima de él y me meto su rabo, y acto seguido me inclino para ofrecerle mi agujero lleno al moreno. El moreno intenta meterse también dentro de mí pero no lo consigue, se le ve torpe y nervioso. Así que el francés decide hacerlo al revés. El moreno se tumba y yo me subo encima. Me meto su rabo por el culo para que no pueda salirse y me inclino arqueando la espalda y sacando culo a modo de ofrecimiento. El francés se coloca detrás de mí y me echa un poco de lubricante. Aspiro popper y siento cómo su rabo empuja hasta abrirse paso dando de sí mi ojal. Siento las pollas de los dos amigos dentro de mí, a pelo, piel con piel, dándome calor. Estoy llenísimo y gimo de gusto. El francés comienza a moverse en mi interior, primero suave, luego con determinación, frotándose contra su amigo y contra las paredes de mi culo. En esa posición no tarda en llenarme y regar de lefa a su compañero. El otro, tímido, no logra correrse. 

Estoy sentado en la cama observando cómo recogen sus cosas. Cuando ya están vestidos para irse, el francés de la coleta me dice que aún tiene algo de "load" para mí, así que me abro de piernas. Él se baja la bragueta y se saca de nuevo la polla, me la enchufa y me embiste en plan misionero, apenas un minuto antes de que su respiración se entrecorte y entorne los ojos mientras se corre de nuevo dentro de mí.

Otra noche, viene a usarme un daddy de más de cincuenta, moreno, algo basto. No me atrae pero yo no estoy aquí para elegir quien me folla ni para opinar. Mi obligación es poner culo para quien tenga que descargar. Él sabe que no soy más que un agujero de uso público, y me trata en consecuencia. Estoy tumbado sobre mi espalda, abierto de piernas con el daddy dentro de mí. En un momento me dice "Voy a mearme dentro". No es una pregunta. No está pidiéndome permiso. Solamente me informa de lo que va a hacerme, así que no contesto. No tiene sentido que conteste nada. Yo ni opino ni decido. 

El daddy se queda unos segundos quieto y luego empiezo a notar calor dentro de mi culo. Su meada me va llenando poco a poco y en esa postura, de misionero, puedo recibirla entera sin que se me escape por el ojal. Tampoco sería posible porque su rabo está haciendo las veces de tapón, así que no me queda otra que esperar a que termine de mear y aceptar que esa noche no soy más que un WC, un depósito en el que vaciarse cuando lo necesita. Cuando termina de mear, se vuelve a poner en movimiento, lento, balanceándose, con su rabo entrando y saliendo de mi culo que salpica y chapotea su meada caliente. No tarda en correrse. El el tío cerdo gime mientras su lefa y su meada se mezclan en una dentro de mi culo. Cuando termina se viste y me deja ahí tirado, abierto y mojado para que me use el siguiente.

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