Sudor y leche: viernes noche en la sauna

 Viernes noche, voy a la sauna. Nunca he ido a esta sauna y en la cola entablo conversación con un par de amigos de Carolina del Norte que están de viaje por Europa y con un tipo de unos cincuenta y algo, negro y rapado. Este último sí que es un habitual del local y nos explica cómo funciona todo.

En la planta de arriba están las taquillas, la barra del bar y un gran jacuzzi donde me meto un rato con R., uno de los dos chicos de Carolina del Norte. R. debe tener treinta o treinta y poco, piel morena, en forma, con algo de vello facial y ojos rasgados. Es de raza mixta, diría yo, medio asiático.

Conforme bajas plantas, la cosa se calienta, literal y metafóricamente. La siguiente planta tiene unas duchas, donde nos damos una lavadita rápida, un laberinto de vapor (con gente follando, pero hace tanto calor en esta parte de la sauna que apenas se puede respirar) y luego una sala cálida pero no tanto, con gente sentada con sus toallas anudadas en unas bancas cubiertas de azulejos. También tiene dos plataformas más amplias en el centro, cubiertas igualmente de azulejos. No es el colmo de la comodidad pero sirven. En una de esas dos plataformas hay un twink blanco completamente desnudo, abierto de piernas, y encima de él entre sus piernas hay otro twink, este negro y con un culazo maravilloso, besándole.

R. y yo estamos mirándoles y comenzamos también a besarnos y mamarnos mutuamente. R. me encula un rato de pie mientras tenemos algunos espectadores. Al cabo de un rato, la pareja de twinks se ha ido y nos hemos quedado solos, así que ocupamos su lugar. Me tumbo sobre la plataforma, me quito la toalla y me abro de piernas. Estamos mojados y sudorosos, yo con la polla dura y R. me acaricia y se inclina para metérsela en la boca. Gimo de gusto mientras noto el cosquilleo de sus labios y su lengua recorriendo mi rabo. 

Giro la cabeza y veo que de pie a nuestro lado está el twink negro de antes, J., de unos 25 años, atlético, con un poco de vello facial y unos labios de infarto. Está tocándose mientras mira como R. me come la polla. Luego R. se incorpora y el twink negro ocupa su lugar. Su boca es una delicia, cálida, húmeda y acogedora. Veo como su cabeza sube y baja mientras se traga mi rabo hasta el fondo. Siento ese tunel húmedo de su boca que no para de darme placer y le acaricio la nuca, le manoseo su rabo tieso y voy llevando mi mano hacia su culo atlético y fibroso, de piel muy suave. Mi dedo va hacia su ojal y comienzo a jugar con su agujerito mientras él gime de gusto y se traga mi polla aún con más ganas. Tengo que contenerme como puedo para no correrme y llenarle la boca de leche. Al rato, se incorpora y me mira con deseo. Acerca su cara a la mía y nos besamos durante un largo rato, no me canso de los labios carnosos y enormes del twink, podría estar toda la noche besando esa boca mientras noto como R. vuelve a hacerse cargo de mi rabo duro y palpitante con la suya.

Esa planta de la sauna está muy bien, pero es en la planta de más abajo donde ocurre la verdadera acción. Se compone de un laberinto pequeño con tres o cuatro pasillos, varias cabinas o cubículos privados, un sling detrás de una cortinilla, una sala amplia con una especie de banca casi a ras de suelo donde te puedes sentar o arrodillarte a ofrecer culo, y otra pequeña bastante oscura donde la gente va a follar como en una orgía, sin apenas distinguir al resto de cuerpos de la habitación.

Estoy con R. en uno de los pasillos, de pie apoyados contra la pared hablando, cuando se me acerca un chico turco, fibrado, moreno y con perilla, me sonríe y me coge de la mano para llevarme con él. Me despido de R. hasta más tarde y sigo al turco hasta un cubículo.

Allí me tumba y y se pone a comerme el rabo. Su boca no es tan suave como las de R. o J., pero me hace una buena mamada y luego me pide que le folle. Le digo que soy pasivo y me responde que le deje entonces solamente sentarse un poco sobre mí para notar la punta de mi rabo en su ojal. Le digo que ok y él se abre de piernas, se agacha sobre mi rabo y se lo mete hasta el fondo. No es en lo que habíamos quedado, pero ya que estoy dentro me follo el culo del turco. Él me cabalga subiendo y bajando sobre mi rabo, brincando y me da permiso para que me corra dentro de él. Le digo que no voy a correrme y entonces me pide que le folle en plan perrito. Así que se pone a cuatro patas y yo me monto sobre él. En esa posición sé que me puedo correr en un momento y como no quiero, paro la follada y me despido de él.

Estoy buscando a R. por los pasillos cuando me encuentro con un negro cincuentón, cachas y rapado. No es el mismo que había conocido en la cola de la entrada, aunque su look es muy similar (a el de la entrada también me lo encuentro luego y me encula a lo bestia en el suelo de un cubículo mientras me agarra del pelo como si fuera su puta). Este otro me invita a pasar a "su oficina", así que le pregunto qué se hace en su oficina y él me entra en uno de esos cubículos, me quita la toalla, me tumba en el suelo y me come la polla. Acaricio su cabeza rapada y sus musculosos hombros mientras él inclina su cuerpo enorme y se traga mi rabo hasta la garganta. 

Cuando voy a los clubs de sexo normalmente suelo ir con suspensorios o alguna cosa así, con el rabo a buen recaudo, y por eso no estoy acostumbrado a que me lo mamen tanto. Esta noche parece que me lo van a gastar entre unos y otros, pero estoy viendo el cielo con tantas bocas dedicadas a darme placer. Cuando termina de mamarme, me abre de piernas y se mete dentro de mi culo en la postura del misionero. Yo me abrazo a su espalda enorme y oscura mientras su rabo se hunde rítmicamente dentro de mi culo blanco. Durante lo que parece un rato interminable, va alternando entre follarme en misionero y mamarme, follarme y mamarme, mientras me dice guarradas como "I'm gonna breed your pussy". Varias veces está a punto de correrse pero se detiene a tiempo, porque dice que no quiere irse tan rápido. Finalmente una de las veces que lo tengo entrando y saliendo entre mis piernas oigo que murmura un "Oh, fuuuuuuuck" entre gemidos y se queda quieto entre mis brazos y mis piernas, mientras descarga sus huevos rebosantes de lefa en mi interior.

Al acabar con él, me reencuentro con R., intercambiamos RRSS y estamos un rato más de charla. Su amigo le ha dicho que deben irse de ahí en media hora (están de viaje por Europa con dos amigas y tienen que volver al hotel). Así que nos metemos en un cubículo para pasar un último rato juntos, pero dejamos la puerta abierta en caso de que alguien se nos quiera unir. 

Llega un chico de Singapur de 32 años, moreno y delgado, con bonito pelo y nos pide permiso para quedarse con nosotros y mirarnos. Le decimos que ok. R. y yo estamos besándonos y el chico de Singapur se lanza tímidamente a por mi rabo y se pone a chupármelo, lo que excita bastante a R. que se pone de rodillas y se hace una paja sin apartar su mirada de mis ojos. Se corre una auténtica burrada, lefa espesa que va a parar por todo mi pecho y en el suelo del cubículo. Al terminar nos despedimos y me doy una última vuelta. Veo con envidia como dos dioses negros, cachas y guapísimos, se llevan a un chico blanco a un cubículo. El chico blanco también es muy guapo, musculoso, y nada más entrar en el cubículo se pone a cuatro patas ofreciendo culazo y un ojal rosado. Los dos amigos negros entran detrás de él en el cubículo, empalmados y cierran la puerta tras de sí. Los jadeos del pasivo fueron épicos.

La escena me ha puesto recachondo, así que me voy buscando un poco de acción. Me encantan los besos y que me mamen el rabo, pero ahora quiero que me destrocen el culo y que me usen en público. Los pasillos están prácticamente vacíos y el único sitio donde veo gente es en la pequeña sala oscura. Entro allí y distingo la silueta de un chico blanco joven, así atlético y cachitas, que está sentado sobándose el rabo con la mano y me indica que me arrodille a mamarlo. Obedezco y me pongo a servirlo con mi boca. Está durísimo y muy caliente, gruñendo de aprobación, así que me levanto, le doy la espalda y busco su rabo con la mano para metérmelo por el culo.

Me siento sobre su rabo y empiezo a cabalgarlo, moviendo mi culo en círculos, frotándome contra su pubis. Él gime cada vez más. Enfrente de mí distingo de pie un par de siluetas de tipos que nos observan mientras se tocan. El chico me dice un "Oh fuck, I'm coming" y yo sigo moviendo mi culo en círculos, batiéndolo como quien hace mayonesa, sin sacarlo ni un centímetro porque no quiero que se desperdicie ni una gota. El chico comienza a correrse dentro de mi culo entre jadeos y quejidos de placer y finalmente se queda abrazado a mi espalda, tembloroso, con la respiración entrecortada, acariciándome y dándome besitos en la nuca y en el hombro durante un par de minutos hasta que se recupera. 

Se levanta y se despide de mí sonriente y agradecido. Tengo a los dos espectadores que se pajeaban mirándome calientes como dos toros, así que sé lo que tengo que hacer. Me doy la vuelta y me inclino ofreciéndoles el culo. Primero uno y después el otro se turnan para batirme la leche. Pero follar ahí es un poco incómodo, aparte de que apenas puedo ver nada. 

Salgo de la salita oscura a la sala más grande, la que tiene esa especie de banca o plataforma casi a ras de suelo. Me arrodillo ahí y me inclino con el culo en pompa. La verdad es que el sitio es ideal, muy cómodo para ofrecerse, aunque en ese momento no hay nadie. Sale gente de la sala de al lado y yo, para hacer más atractivo mi culazo blanco en pompa, empujo para sacar un poco de lefa del chico de antes, unos borbotones que salen de mi ojal para humedecerlo y caen formando una línea espesa y brillante por el saco de mis huevos, un buen anzuelo para que piquen los activos.

Se acerca un tipo de mediana edad con una toalla anudada a la espalda y se arrodilla detrás de mí. Comienza a encularme batiendo lefa y yo me dejo hacer. Ahora empieza a llegar más gente y de repente tenemos cuatro o cinco personas de público y el chico de Singapur sentado a mi lado sonriéndome, como si fuera mi carabina. El tipo cuarentón, con dadbod, sigue usando mi culo y en un momento dado me pregunta si puede correrse dentro de mí. Le contesto que por supuesto. No tarda en hacerlo, se agarra a mis caderas, con su barriga sobre mi culo, mientras suelta su preciosa y pringosa carga llenándome aún más el depósito. Cuando se levanta, toma su lugar en el gangbang un chico bastante joven y guapísimo. Moreno, fit, con media melena de pelo ondulado, unos ojos profundos y una sonrisa preciosa. Me encula con entusiasmo, batiéndome la lefa de los tipos de antes, mientras me coge de la cabeza para girármela hacia atrás y besarme. 

Deja momentáneamente de follarme el culo para comérmelo, siento su pelazo y su lengua húmeda lamerme el ojal con devoción mientras sus manos se agarran a mis nalgas. Un tipo de unos 40, velludo y bastante atractivo, llega por detrás y encula al joven moreno mientras éste me lame la lefa del culo. Después el joven vuelve a meterme el rabo y hacemos el trenecito durante un rato. El tipo velludo follándose al moreno atlético y éste detonándome el culo lleno de lefa disfrutando como un niño con zapatos nuevos. El velludo se aparta y el chico me susurra al oído "Me voy a correr", a lo que yo asiento gruñendo de felicidad. No tarda en hacerlo y con un "Uaaaaaaahhhh uuuaaaaaahhhh" se agarra a mis espalda temblando como un conejito mientras descarga chorrazo tras chorrazo de lefa dentro de mi puto culo.

Se levanta y se despide. Los espectadores que había antes también se han ido y ya solo queda uno que antes había visto de reojo y me había parecido muy guapo. Un chico de Oriente Medio de veintitantos años, piel canela, algo bajito pero cachas, pelo moreno corto, cejas muy espesas, nariz respingona y labios carnosos. Él es el único que queda en la sala y está de pie sin moverse. Yo vuelvo a hacer la técnica de sacar un poco de lefa a modo de anzuelo, una burbuja blanca que explota en mi ojal y lo deja brillante y reluciente invitando a ser usado. El chico se suelta la toalla blanca de la cintura dejando ver un rabo duro como un ariete (y unos muslos morenos de infarto). Se pone detrás de mi culazo recontrapreñado y empuja hasta el fondo. 

Disfruto como un loco mientras me dejo usar. Y a juzgar por los gemidos, él también está gozando intensamente. Me está montando como un animal en celo, emitiendo sonidos y quejidos de placer sin parar, con cada embestida mi culo chapotea de tan lleno de lefa que está. Lo tengo abierto de par en par y mojadísimo. Su rabo oscuro debe estar glaseado de blanco de toda la lefa que está batiendo. Estamos así un rato y juraría que está a punto de correrse en varias ocasiones, pero no llega a hacerlo.

Cuando se va, la sala está ya vacía (es bastante tarde), así que me levanto con intención de dar una última vuelta e irme. Me cruzo a un chico también bastante joven y bajito, de raza indeterminada. Es muy moreno de piel y por sus rasgos podría ser de la India o así. Tiene el pelo moreno, una bonita nariz fina y recta, bigotillo, y un cuerpo cachas depilado y sedoso sin un gramo de grasa. No lo había visto hasta ahora así que imagino que acaba de llegar. Me está mirando de forma intensa así que le sostengo la mirada y me indica que le siga a uno de los cubículos. Allí me arrodillo ante él y le hago una última mamada mientras adoro su cuerpo con mis manos y con mi boca. No ha estado nada mal la noche.

Comentarios

Entradas populares