Nueva estancia en el cumdump hotel

SÁBADO

Estoy en el hotel y abro las apps ofreciéndome, pero el primero que me escribe es otro pasivo. Uno bastante parlanchín. Me habla sobre la cantidad de tíos que los están usando y me recomienda un activo en concreto; un italiano (me da su nombre de perfil pero no lo encuentro en mi gradilla). Me cuenta que el tío es espectacular y muy morboso y que cuando se presentó en su habitación de hotel, lo hizo con otros dos tipos y lo follaron hasta dejarlo inundado.

La historia me da morbo, así que cuando al cabo de un rato, recibo un mensaje del italiano, le doy mi número de habitación sin rechistar y me pongo a cuatro patas con poppers y un rotulador al lado. 

El perfil del italiano en Grindr tiene un enlace a su cuenta de IG y he de decir que el tipo está tremendo, una cosa loca. Tiene miles de seguidores en IG, que no me extraña, y sus fotos son todas luciendo cuerpazo en la playa o vestido de uniforme. Es realmente guapo, treinta y pocos años, pelo castaño claro casi rubio, rasgos finos y cara de pillo. Bellísimo.

Cuando llega, viene solo. Deja sus cosas, me come el culo y me la mete. Mientras me encula me ordena que vaya buscando más activos con el móvil, así que cojo Grindr y veo quién más hay conectado. No concreto nada con nadie pero de repente oigo que llaman a la puerta, el italiano sale de mi culo, abre y saluda a alguien. No tengo ni idea de a quién ha invitado, pero me da igual. 

El italiano vuelve a follarme el culo y ahora lo hace con más ímpetu, como un animal, porque sabe que hay espectadores y quiere lucirse. Al poco cede mi culo a su invitado, que me folla también pero con condón. Los dos se van turnando hasta que el italiano comienza a gemir, se agarra a mi cintura y me preña soltando todos sus bebés bien dentro de mí. Agarra el rotulador y me hace una marca en la nalga. Me siento feliz e inundado de lefa. 

El italiano se viste y se despide de nosotros mientras el otro chico, al que no he visto la cara, continúa follándome y me bate la lefa. Él también se corre dentro de mi culo, pero con condón. Al acabar puedo verlo y es un chico de rostro amigable, osito barbudo que debe rondar los 40. Se queda un ratito más conmigo, dándome besos, conversación y acariciándome, pero cuando veo que no tiene intención de irse, le meto un poco de prisa para echarlo y poder seguir poniendo culo, que los activos del barrio no se descargan solos.

El italiano vuelve después porque se había dejado una bolsa con sus compras en mi habitación y, cuando le abro, puedo por fin ver bien lo bellísimo que es. Qué guapura. Creo que yo también le he gustado, porque me sonríe y me dice que le gustaría volver a quedar conmigo. "Cuando quieras" le contesto. Al día siguiente, al despertarme, veo que me ha escrito para repetir, pero leo el mensaje demasiado tarde y él ya ha tenido que hacer check out. Ojalá vuelva a encontrármelo algún día por ahí. Si no, seguiré suspirando viendo las fotos que sube a Instagram e imaginando todos sus bebés italianos dentro de mi culo.

Volviendo al sábado por la tarde, cuando por fin se va el osito y el italiano recoge su bolsa, el siguiente en escribirme es un chico africano de Eritrea, delgado y pollón, con algo de barbita. Este chico le da a todo: chicos, chicas, trans, cualquier agujero le viene bien, pero su BBC no creo que quepa en todos los agujeros. Es muy grande y desproporcionado respecto al resto del cuerpo. Me encula a cuatro patas, de lado, tumbado sobre mí, de pie contra la pared. Vamos alternando entre enculada y mamada. Pero llegado un momento le tengo que decir que se vaya porque tengo otros planes y él no parece tener prisa en acabar ni en irse de ahí en todo el día.

El siguiente y último es un chico norteamericano, también negro, no muy alto, atlético, con gorra. Tiene un culazo redondo con algo de vello, que parece que se lo hayan dibujado con un compás. Y luego está su rabo, que es una cosa enorme, monstruosa, que hace que la polla del chico africano parezca tamaño estándar. Le recibo a cuatro patas y cuando esa cosa entra en mi culo hasta el fondo, me falta la respiración. Tengo que esnifar poppers para abrir un poco más y dejar que las paredes de mi culo se adapten a una herramienta de esas dimensiones.

Hay varios momentos de la enculada que creo que no voy a poder más, pero aguanto como un campeón. Y cuando por fin oigo que su respiración se agita y que gime, echo el culo para atrás y para arriba para recibir cada trallazo de su leche caliente en el fondo de mis intestinos. Respiro aliviado pensando que ha acabado todo y que por fin puedo descansar, pero cuando acaba de correrse, no para. Ni por un segundo. Sigue bombeando, mete saca mete saca, follándose mi culo sin compasión. Está así un minuto más hasta que vuelve la respiración agitada y los jadeos y se pone de nuevo en tensión agarrándose a mis caderas para preñarme una segunda vez. 

Wow, eso ha sido intenso. Dos preñadas casi consecutivas. Paramos, se limpia el rabo y se sube los pantalones (todo este rato los ha tenido bajados, sin quitarse una sudadera gris con capucha). Cuando coge su móvil para pedir un Uber, el teléfono está muerto, sin batería. Le ofrezco un cargador y lo acepta. Mientras el móvil recupera un poco de batería, yo sigo tumbado en la cama y él de pie al lado. Por darle conversación, alabo su potencia y su capacidad para correrse varias veces seguidas. Me cuenta que le suele pasar y me dice "Mira, ya estoy otra vez" y señala un bulto en su entrepierna tan grande como una montaña. 

Nos miramos durante un par de segundos, se vuelve a bajar los pantalones y se coge el enorme rabo negro morcillón con las manos, sopesándolo. Me mira de nuevo. Sé lo que tengo que hacer. Acerco mi boca y me lo zampo. Él gime mientras yo mamo con toda mi dedicación. Me lo saco de la boca y ahí lo tengo, empalmadísimo, durísimo como si no acabara de correrse dos veces hace tan solo unos minutos. Nuevamente, sé lo que tengo que hacer. Me doy la vuelta y me pongo a cuatro patas sobre la cama sacando culo. Me la clava hasta el fondo. Me vuelve a follar, otra enculada incansable batiendo sus propias corridas frescas, hasta que vuelve a gemir y agarrarse a mis caderas y descarga sus huevos dentro de mí por tercera vez en apenas 15 minutos. 

Esta ya sí es la última (de momento, nos veremos de nuevo la semana que viene). Se sube los pantalones para cerrar el chiringuito de la central lechera asturiana, pero antes coge un rotulador y me anota cuatro palotes en el culo. Tres suyos y el del italiano que estaba ya medio borrado con tanto ajetreo.

Al rato, me vacío el depósito y me limpio las marcas del rotulador del culo porque me voy de fiesta a Hard On. Y aunque me da morbo la idea de pasearme por el local luciendo las marcas de rotulador como un cumdump orgulloso, me da un poco de reparo mandar ese mensaje así tan de entrada y a cualquiera. En la fiesta, veo que a otros pasivos no les da tanto reparo, pues hay un chico ofreciéndose con un arnés y unos jockstraps en los que se puede leer en letras mayúsculas "CUM IN ME" y otro pasivo con unos calcetines blancos que rezan "CUMDUMP". 

Esta vez, no sé si es cosa mía o porque estoy cansado, pero disfruto menos de Hard On. Me parece que hay menos gente que en otras ocasiones (la pista de baile esta vacía), menos tíos atractivos (también faltan los actores porno haciendo su show), menos atrezzo (falta el potro donde me hicieron un gangbang la última vez que estuve) y, por momentos y aunque sé que esto no es posible, el local me parece más pequeño.

En la sala de arriba con los slings en fila, me coloco en uno de ellos y recibo a un par de tíos con bigote que se turnan usándome. Abajo, en una zona de paso con unas bancas, un chico con pelo largo y barba establece contacto visual conmigo y me arrodillo a mamarle, pero no consigue ponerse duro del todo. El resto de la noche lo veo paseando de aquí para alllá, mirando pero sin interaccionar con nadie.

Me siento en esas bancas y veo pasar un treintañero negro bastante guapo, rapado, con barba y un cuerpo atlético velludo y culo carnoso. Se me acerca sonriente, me saluda y se arrodilla a mamarme. Tiene una boca gloriosa, así que me dejo hacer mientras con mis manos acaricio su calva afeitada y siento esa cálida humedad tragándome y succionándome. Me tiene a punto, pero le paro a tiempo. Me levanto y él se pone a cuatro patas ofreciéndome su culazo moreno que me explota la cabeza de lo bonito que es. Se la meto del tirón y me agarro a sus caderas, dándole estocadas. De buena gana lo preñaba, un culo como ese no merece otra cosa, pero temo que si me corro tan pronto la fiesta pierda su gracia. Al chico luego me lo vuelvo a encontrar (y le vuelvo a dar rabo) en lo que yo llamo "la zona roja", donde se pasa el resto de la noche a cuatro patas recibiendo a diestro y siniestro. Su culo tene un éxito merecidísimo.

Es en esa zona roja, una sala no muy grande con pasivos ofrecidos a cuatro patas en dos plataformas centrales y un montón de gente pululando o sentados alrededor, donde está prácticamente todo el mundo. Allí le doy rabo también a un tipo con pinta de centroeuropeo o nórdico, ginger boy pelirrojo con barba, alto y blanquito, que lleva un casco de la construcción como si fuera uno de los Village People. Este tiene el culo más estrecho, menos dado de sí, y mientras estoy follándomelo, otro chico (este treinteañero bajito y fibrado con barba) se pone a mi lado a acariciarme y a frotarme su rabo. Le hago señas de que vaya a mi puerta trasera y él acepta encantado. Se agarra a mis caderas y me mete su rabo hasta el fondo mientras yo me follo al obrero de la construcción nórdico. Nos marcamos un trenecito tremendo en el que no sé si disfruto más siendo taladrado o taladrando.

El chico fibrado con barba me vuelve a follar después, de pie en la entrada de la sala, porque está todo ocupado. Cuando encontramos por fin un hueco libre, me pone a cuatro patas en una de las bancas acolchadas y continúa enculándome en esa posición, él de pie detrás y yo a cuatro patas contra la pared. A mi lado hay sentado un twunk asiático, alto y cachitas, que me mira con deseo y yo aprovecho para acariciarle su polla dura y metérmela en la boca. Cuando el chico de la barba deja libre mi culo, el asiático se incorpora para ocupar su lugar, pero no es lo suficientemente rápido y un negro se le adelanta y me mete su rabo hasta las trancas. El negro me encula furiosamente, con mi cabeza chocando contra la pared. Cuando deja libre mi culo, el asiático ya se ha ido, pero lo localizo en otra zona de la habitación y me acerco a él para que pueda tener su momento en mi culo. Nos besamos y acaricio su cuerpo atlético, le como la polla y me la meto por el culo hasta los huevos.

DOMINGO


El domingo empieza con mal pie, porque al levantarme leo (demasiado tarde) los mensajes del guaperas italiano del día anterior. A media tarde vuelvo a conectarme para poner culo. Primero me dejo preñar por un negro anónimo, al que no llego a ver la cara. Luego viene otro chico, también negro, al que conozco de otras veces. Este debe rondar los treinta y es así gordito, rollo chubby. Me encula primero a cuatro patas y luego tumbado sobre mi espalda hasta correrse. Al terminar entra al baño y puedo disfrutar de una vista suya de perfil con su rabo aún morcillón completamente mojado de haber estado en mi culo.

Luego me escribe un tipo mayor, 63 años según su perfil aunque probablemente tenga más, rozando los 70. El tipo es muy alto, pelo blanco y con gafas de pasta. Tiene una barriga bastante grande también, cubierta de vello blanco como si fuera un oso polar. Se tumba en la cama y yo me arrodillo a comerle el rabo hasta ponérselo duro. No le puedo ver la cara en esa posición porque lo único que veo es su gran barriga cubierta de pelo blanco. 

Cuando la tiene dura, me pongo a cuatro patas sobre la cama y él se incorpora de pie detrás de mí. Esnifo poppers y dejo que entre su rabo de oso polar, brillante por mi saliva, hasta el fondo. Me encula sin parar, con los muelles de la cama montando un escándalo, hasta que en un momento dado suelta una mezcla de gruñido, quejido ruidoso o casi un grito, y me preña como a una buena puta. Al terminar me da las gracias, se viste y se marcha sonriente. El que no debe estar tan sonriente es el vecino de la habitación de al lado.

La lefa que el abuelo ha dejado en mi culo me la bate después un tipo de 44 años, rapado y con bigote, que se tumba sobre mi espalda mientras mi agujero chapotea de tan mojado que está. Pero este no llega a correrse.

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